domingo, 27 de mayo de 2012

Las tres C´s del compromiso educativo


El concepto de futuro se veía, tiempo atrás, como una noción fugaz a diez, veinte o más años delante. Si nos basamos en las innovaciones que la sociedad genera día a día, el futuro hoy,  esta más cerca que nunca. Las sociedades se enfrentan a constantes adaptaciones que en otro momento se experimentaban  lentamente. La globalización y la computación revolucionaron el concepto de futuro volviéndolo inmediato. Ahora,  los cambios económicos, sociales y culturales impactan al planeta entero cada segundo. Este factor ha modificado sustancialmente la percepción sobre las competencias laborales del profesional del futuro. La educación se concibió; desde la revolución industrial, como un ente propulsor de fuerza laboral, es decir una ¨educación para el trabajo´ ( Cheng, 2007, pag 1). Sin, embargo, muchos coinciden en que la educación se ve hoy forzada a encaminarse hacia otros propósitos que satisfagan las necesidades del individuo en un mundo de demanda tecnológica y de cambios constantes.
            El nuevo perfil del mundo tecnológico impacta en la educación y en sus motivos fundamentales hasta ahora concebidos. Autores como Ming Cheng, Frank Levy, Richard Murnane, Howard Garner, entre otros, coinciden en que, con la computadora,  se ha debilitado la fuerza laboral pero se han incrementado los trabajos de cuenta propia y emprendedores ¨off shoring¨ ( Levy&Murname, 2007),  muchas disciplinas que fungían como respaldo de la educación, se han debilitado y han vuelto otras que se habían descartado ( Cheng, 2007) y que con la globalización, se ha modificado la necesidad de trabajos especializados valorando ahora: ¨ las abilidades, el crecimiento y la capacidad¨ ( Cheng, 2007). La educación según estos autores tendrá que volver a su significado inicial y concentrarse en crear individuos con una mentalidad pensante, creativa e informada y no ser tan sólo,  una educación vocacional.  La educación, imperantemente, debe modificar el perfil del individuo y ajustarlo integración exitosa. Se necesitan seres críticos, creativos y conocedores para enfrentar el mundo tecnológico y globalizante que representa la realidad diaria en la que se vive.

Muchos piensan que la tecnología irá desplazando poco a poco al ser humano. Esto no es cierto. ¨El resolver problemas es todavía trabajo humano ( Levy, 2007, pag. 4). Y se requiere de seres críticos que asuman tareas cognitivas expertas y muchos movimientos físicos ¨no expertos¨. (Cheng, 2007, pag. 10). Es decir, intuir, percibir y analizar la intencionalidad de la información no se logrará a través de la lógica de la computación. Es por esto, que la educación debe forjar seres críticos que determinen, profundicen y razonen a partir de lo meramente humano. El formar seres creativos,  es otro aspecto que debe perseguir de la educación. No se puede pensar que todo este inventado ni la última palabra se haya dicho. Por el contrario, es el tiempo donde las verdades absolutas se debilitan y caen. Lo que esté regido por reglas se hará con mayor rapidez y precisión mediante el uso de ordenadores  Por eso se valorará a todo aquel que puede visualizar nuevos orígenes, conflictos y posibilidades. ( Garner, 2005). Finalmente, el acceso a la información nunca ha estado más cerca del ser humano que hoy. La educación debe fomentar la investigación, la capacidad de síntesis y el discernimiento ante tanta cantidad de conocimiento. Un ser que no pueda sintetizar lo que sabe, vivirá perdido sin encontrar su realidad. Garner, expone en su ensayo, Las Cinco Mentes del Futuro (2005), que se necesita un pensamiento interdisciplinario  para de resumir con precisión, sintetizar de una forma productiva y hacer que la información nos sea útil. Así, el proceso educativo tiene que replantearse y reconocer que el mundo demanda otro tipo de profesionales y que es urgente una reforma curricular dinámica, actualizada y sensible.
            Se argumenta bajo posiciones tradicionales y radicales que lo que se debe hacer con la educación es cumplir con la enseñanza tecnológica y lograr una especialización en el individuo que le permita su inserción en el mercado laboral. Aun hay tendencias pedagógicas en las que predomina el magicentrismo, y las verdades absolutas. La tecnología se incorpora a ellas como una herramienta de forma y no de fondo. Es decir, no se estimula la investigación, sino que se limita al uso de ella para cumplir tareas. Estas posiciones radicales tendrán que luchar contra una realidad que se impone a base de competitividad, poli funcionabilidad, y diversidad y probarán lo obsoletas que están.
            La era de una educación laboral que inició con la revolución industrial se está desvaneciendo. Cada día nos exponemos más a diferentes culturas, perspectivas del conocimiento y a un mundo que demanda una excelencia en el arte de la comunicación. En mi práctica docente, mi mayor objetivo es formar seres que reconozcan y asuman el reto de renovarse y replantearse constantemente, creo firmemente, en los planteamientos de los autores citados en esta propuesta.  Las tres C.s son pilares de una pedagogía de éxito: seres críticos, creativos y conocedores. Con estas bases, el ser humano desarrollará una pasión por el saber, un sentido de innovación y un poder de comunicación que incluya varios idiomas y una capacidad de síntesis para compartir y producir.
Referencias bibliográficas:
Lea Gardner, H. (2005). Las cinco mentes del futuro: Un ensayo educativo. México: Paidos.
Lea Cheng, K. The Postindustrial Workplace and Challenges to Education. (2007). En Marcelo M. Suarez (Ed.), Learning in the global era: International perspectives on globalization and education. Los Angeles, CA: University of California Press. Traducido al español.
Lea Levy, F. y Murnane, R. (2007). How computerized work and globalization shape human skill demands. En Marcelo M. Suarez (Ed.), Learning in the global era: International perspectives on globalization and education. Los Angeles, CA: University of California Press. Traducido al español.

sábado, 26 de mayo de 2012

Devolverse o no



            El conocimiento previo es fundamental en la articulación educativa. Identificar que los estudiantes no manejan un conocimiento que es fundamental para la aplicación curricular de un curso representa un dilema. Esta situación hay que enfrentarla entendiendo sus causas. Una ausencia de saber requerido para la efectividad de un curso puede deberse a: un sistema de medición evaluativa insuficiente para valorar el conocimiento de los cursos anteriores,   un no cumplimiento de contenidos por parte del profesor previo,  un maya curricular distribuida incorrectamente, débil en su contenido o débil en los perfiles de salida de cada bloque. Cualquiera que sea la causa, ninguna de ellas atañe a la responsabilidad del estudiante. El sería en todo caso el menos culpable, si se busacara un culpable. Por esta razón, es responsabilidad del docente cubrir los conocimientos  requeridos para el alcance de las destrezas necesarias. Igualmente, el docente afectado en su cumplimiento, debe sentar un precedente en forma oficial ante  los encargados de docencia. De no hacerlo, el facilitador estaría des facultando al estudiante de las herramientas esenciales para su desarrollo cognitivo pertinente. Y esa, bajo ningún motivo, es nuestra misión.

domingo, 20 de mayo de 2012


De Pasiones y Anhelos
En el desarrollo evolutivo de las civilizaciones, el conocimiento ha permitido la subsistencia del homo sapiens en el planeta. El hombre ha reconocido la necesidad de educar y aprender. Este quehacer fue encontrando su espacio en las sociedades hasta llegar a convertirse en un grupo de ciencias dinámicas que intervienen en dicha relación. Las civilizaciones fueron generando metodologías, condiciones y políticas para fortalecer el proceso educativo, y con esto, el mejoramiento de las condiciones humanas a todo nivel. Así, la relación educar y aprender, encuentra su mayor efectividad al mediar la vocación y el anhelo, al desarrollarse dentro de una metodología justa para ambos grupos y al impactar en el bienestar común integrador.
            El “educar” proviene de algo más que un deseo o una solución económica. Es una vocación. Como tal, requiere pasión, preparación y sacrificio. El educador se transforma en un comunicador de tiempo completo. Un  docente que no ame el saber compartir su conocimiento, no disfrutará el beneficio de hacerlo, no se comprometerá a una constante actualización y no sacrificará espacios de su propia vida para dedicarse a una disciplina que requiere tiempo completo. Por otro lado, si el aprendiz no anhela el conocimiento, nunca se propiciarán las condiciones óptimas para que este saber fluya y genere. El desear el saber, debe convertirse en el ideal del receptor. Este es el efecto del sembrador depositando su semilla en tierra fértil.
             El aspecto metodológico es crucial en la mediación del conocimiento. Una buena pedagogía debe abogar por ser liberadora, justa y competente. El educador debe funcionar como un facilitador que permita al dicente encontrar su propio camino. El conocimiento que se comparta debe ser significativo y con una inclusión justa para todos. Finalmente, el estudiante debe desarrollar las competencias necesarias para incursionarse en un mercado laboral sin olvidar su integralidad.
             No puede existir una relación de educación-aprendizaje sin que su resultado final impacte directamente sobre el bienestar común. Las sociedades necesitan seres pensantes, con criterio y con un espíritu investigador. El aprendizaje debe ser provocado desde el mismo sentimiento del amor por el conocimiento. Los seres amantes del saber, serán seres productivos por el resto de sus vidas. Los docentes que generen pasiones por el saber, serán docentes libres, sanos y felices. Una simbiosis efectiva a este nivel generará una sociedad sana, competente y plena.
            La relación educar-aprender es una relación emocional. La misma genera resultados positivos sólo a partir de un compromiso de amor. Mutilar las emociones esenciales del ser humano fuera de esta relación sería no entender al mismo ser que se propone evolucionar. La pasión, el amor, el compromiso, el respeto, el servicio, son, entre otros, pilares sustanciales de la sabiduría. Se necesitan seres humanistas integrales para construir un progreso digno. Si el educar y el aprender marcan el mismo rumbo, comparten el mismo sentimiento y valoran los mismos compromisos, entonces construiremos una sociedad sensible pero crítica y comprometida.